EL RETRATO COMO MOTIVO FOTOGRAFICO

“Estoy convencido de que cualquier intento fotográfico de mostrar a un hombre en su totalidad es, en cierto modo, una tontería. Lo único que podemos mostrar en el mejor de los casos es lo que revela el hombre exterior; el hombre interior rara vez se revela ante nadie, a veces ni siquiera lo hace ante sí mismo…..”
Arnold Newman

El retrato clásico es el heredero de la tradición retratista del arte y parte de los postulados y maneras afianzados desde el siglo XVI dentro del retrato académico. Es un retrato aburrido pero eficaz. No es la única manera de realizar un retrato, pero si una forma segura  de trabajarlo.

En el retrato clásico nos centramos en el rostro de la persona. Especialmente en su mirada. El retrato académico trata de representar un equilibrio entre la persona y su lugar social dejando de lado la materialización de los sentimientos. Para salirnos de los encasillamientos de este tipo de retrato podemos tratar de indagar en la personalidad del modelo a través del gesto. Ya sea capturándolo espontáneamente o bien forzando su aparición.

El retrato académico que sirve de modelo al retrato clásico codifica la personalidad y situación social del retratado con ciertas normas que pasaremos por alto y con las que solo contaremos en tanto nos sirvan para crear la imagen de la persona que fotografiamos. Algunos de los aspectos que vamos a mantener de la tradición pictórica son los siguientes:

La iluminación suele venir la izquierda del cuadro y de arriba.

La luz figura suele mostrar el lado derecho. Estos dos aspectos podemos modificarlos a voluntad.
La figura cuando está de pié nunca se apoya en ambos piés. Siempre sobre uno, normalmente el del mismo lado del cuerpo que tiene adelantado.
Estos son los elementos que vamos a mantener pero adecuándolos a la persona que vamos a fotografiar. Los pintores mantenían la dirección de la luz por la sencilla razón de que empleaban una ventana, generalmente orientada al sur. Dado que nosotros podemos cambiar la posición de los focos no tenemos por qué mantener la regla de que la luz venga de la derecha de la figura (nuestra izquierda).
La posición del cuerpo la haremos de acuerdo al estudio facial que realicemos eligiendo aquél lado que mejor dibuje las líneas de la persona.
Olvidaremos por tanto muchas de las reglas sobre la pose y los elementos. Por ejemplo, que cuando la mano trasera se apoya sobre una mesa o una silla es signo de mando, que el papel en mano significa que es el retrato de un intelectual, que la iluminación mayor en la frente indica meditación, etc…

Los Encuadres clásicos del Retrato:

 

Un retrato nunca se hace con los hombros frontalmente a la cámara.

Siempre uno está algo más adelantado que el otro. Para colocar el cuerpo en esta posición no hay que girar la cintura, sino mover los pies. Pediremos a la persona que se sitúe frontalmente a la cámara y apoyándose sobre las dos piernas. A continuación le haremos girar el torso diciéndole que pase uno de los pies por detrás del otro. Si queremos que gire hacia su izquierda, mostrándonos el hombro derecho, le diremos que retrase ligeramente el pié izquierdo por detrás del derecho. Así damos el giro adecuado al cuerpo.

Ahora hay que colocar la cabeza.

Dado que los hombros están en diagonal la cabeza puede estar girada levemente en el mismo sentido que los hombros o en el contrario. El giro en el mismo sentido que los hombros se llama pose masculina y se emplea básicamente con hombres adultos y jóvenes. El giro de la cabeza en sentido contrario al de los hombres se llama pose femenina y se emplea con mujeres y niños.

El rostro está dividido en tres partes: dos mejillas y la careta frontal. A su vez esta cara tiene dos mitades simétricas. El perfil muestra el rostro solo desde un lado. Solo se ve una mejilla y una de las dos mitades de la cara.

El retrato convencional muestra tres de las cuatro partes del rostro. También se le llama tres cuartos o dos tercios a este tiro. En un 3/4 el rostro muestra una mejilla a la cámara y el frontal pero no deja ver la mejilla más lejana. La dirección de la nariz marca el eje del retrato. La mejilla que se ve queda del mismo lado del eje que la cámara, la otra mejilla queda del otro lado del eje.

El lado que está hacia la cámara se llama lado ancho y el otro lado estrecho. En este encuadre podemos dibujar perfectamente el rostro sobre el fondo ya que elegimos siempre que se muestre la línea que diferencia la mejilla del frontal.

Pocos rostros muestran la misma línea dibujada cuando se miran desde un lado que desde el otro. Elegimos siempre para tirar aquella dirección en la que la línea de dibujo sea la más suave y mejor trazada.

Un tipo de retrato muy efectista es el realizado en escorzo.
Básicamente se trata de una captura realizada en vertical, normalmente de arriba abajo, aunque este encuadre esta sujeto a criterios muy personales. Un encuadre de abajo a arriba denota poder en el sujeto fotografiado y el contrario suele denotar sometimiento, aunque como veremos en ejemplo que sigue a continuación, no siempre es así:

Resumen

 

• En el retrato clásico nos centramos en la expresión del rostro.

• El rostro se divide en tres partes. Dos mejillas y el frontal. El frontal se divide a su vez en dos partes simétricas.

• Hay cinco tiros posibles para el rostro, perfil de espaldas, tres cuartos de espaldas, frontal, tres cuartos frontal y perfil frontal.

• Antes de iluminar el rostro y decidir el tiro de cámara hay que elegir el lado a fotografiar.

• Hay tres luces básicas: la frontal (Paramount), la de tres cuartos (Rembrandt) y la lateral.

• La luz de tres cuartos puede ser ancha o estrecha según venga del mismo lado del eje que está la cámara o del otro.

• Los rostros anchos mejoran al fotografiarse con luz estrecha y lateral. Los alargados, con luz ancha y frontal.

• Para iluminar mantenemos una luz envolvente y otra direccional. La luz envolvente ilumina toda la figura, la direccional solo un lado.

• La relación de luces para el retrato va de 2:1 a 4:1 siendo la preferida la de 3:1.

• Para conseguir una relación de luces 3:1 la luz envolvente está a un paso menos que la luz direccional.

• La exposición se decide para el lado oscuro de la figura, iluminada solo por la luz envolvente.

• La exposición se decide a partir de la medida, no hay que emplear el valor dado por el fotómetro.

• Hay dos maneras de exponer el retrato: empleando la medida del fotómetro tal cual o abriendo un paso.

• Si empleamos la medición del fotómetro decimos que hacemos un retrato en tonos medios. (En zona V empleando la nomenclatura del sistema de zonas)

• Si abrimos un paso el diafragma decimos que hacemos en las primeras luces. (En zona VI empleando la nomenclatura del sistema de zonas).

• Para medir cada luz por separado no apagamos todos los focos menos el que queremos medir. Medimos con todas las luces encendidas pero tapando con la mano el fotómetro para que solo vea la luz del foco que queremos medir. Así medimos la luz total que viene de la dirección de ese foco, incluyendo la de entorno.

• Podemos dejar las luces de paso encendidas siempre que sean al menos cuatro pasos más pequeñas que la luz de foto.

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