¡Cuán feliz quien con alas vigorosas

puede irse a otras zonas, luminosas y serenas,

mas allá de los pesares y de los graves disgustos

que con su peso entorpecen la incierta existencia!

¡Feliz quien cuyas ideas, igual que alondras,

librementre hacia el cielo suben, en las amanecidas!

¡Feliz quien vuela sobre el mundo y sin esfuerzo comprende

el lenguaje de las flores y el silencio de las cosas…!

“Las Flores del Mal”, Baudelaire

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