Sólo me considero un artesano de la luz. Mi vocación nació al crecer junto a mi padre en un frio laboratorio de Blanco y Negro, en un caserón manchego. Las casualidades hicieron que conociese y trabajase con grandes y anónimos fotógrafos, de los cuales aprendí a tener paciencia para descubrir el mejor angulo, el mejor encuadre, la caricia de la luz sobre los objetos, los ambientes más intimos de los pequeños rincones… Aprendí de los largos silencios del estudio, del bullicio de las sesiones, de las charlas sin pretensiones artísticas y dogmaticas… Aprendí a no dejar pasar esos instantes dignos de ser captados por la memoria visual… Y ahora sigo aprendiendo de aquellos que me aportan ilusión por el conocimiento.

En mis fotos no busqueis imágenes artificiosas, sólo buscad la simpleza de lo íntimo.

Anuncios